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Refranes
dichos y proverbios de la lengua
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A misa temprano nunca
va el amo. A mocedad
ociosa, vejez trabajosa.
A mucho hablar, mucho
errar. A mucho hablar,
poco acertar. A muerto
marido, amigo venido.
A muertos y a idos,
pocos amigos. A mujer
casada y casta, con
el marido le basta.
A mula que otro amansa,
algún resabio le queda.
A mula vieja, alíviale
la reja. A muy porfiado
pedir, no hay que resistir.
A nadie hace daño
el vino, si se bebe
con tino. A nadie
has de decir cuánto
tienes, dónde lo tienes,
ni adónde piensas ir.
A nadie le amarga un
dulce, aunque tenga
otro en la boca.
A nadie le amarga un
dulce. A nadie le
parece poco lo que da,
ni mucho lo que tiene.
A nave rota, todo tiempo
es contrario. A ningún
cojo se le olvidan las
muletas. A ninguno
le huele su mierda sino
la ajena. A no poder,
en balde es querer.
A nuevos hechos, nuevos
consejos. A nuevos
tiempos, nuevos usos.
A olla que hierve ninguna
mosca se atreve.
A otra puerta, que ésta
no se abre. A otro
perro con ese hueso.
A otro viento, otro
tiento. A padre generoso,
hijo desperdiciado.
A padre guardador, hijo
gastador. A pájaro
muerto, jaula abierta.
A palabras necias oídos
sordos. A palabras
vanas, ruido de campanas.
A pan ajeno, navaja
propia. A pan de
quince días, hambre
de tres semanas.
A pan duro, diente agudo.
A pan y cebolleta no
es menester trompeta.
A perdiz por barba y
caiga quien caiga.
A perro flaco todo se
le vuelven pulgas.
A perro que no conozcas,
nunca le espantes las
moscas. A perro viejo,
no hay quien le enseñe
trucos nuevos. A
persona lisonjera, ni
oírla siquiera. A
piloto diestro, no hay
mar siniestro. A
pobreza, no hay vergüenza.
A poca oferta, buena
demanda. A poco caudal,
poca ganancia. A
poco pan, coger primero.
A presurosa demanda,
espaciosa respuesta.
A primeros de noviembre,
tu fuego enciende.
A pueblo muerto, alcalde
tuerto. A qué buscar
pan de trastrigo, siendo
tan bueno el de trigo.
A quien a soplos enfría
la comida, todos le
miran. A quien ajos
come y vino bebe, la
víbora no le muerde.
A quien amasa y cuece,
muchas cosas le acontecen.
A quien bien cree,
Dios le provee. A
quien bien te quiere,
visítale poco, para
que te desee. A quien
buenos cojones tiene,
lo mismo le da por lo
que va como por lo que
viene. A quien come
muchos manjares, no
le faltarán enfermedades.
A quien con Dios está,
no le abandonará.
A quien cuece o amasa,
de todo le pasa.
A quien da y perdona,
nácele una corona.
A quien dan y no toma,
dicha es que le sobra.
A quien das de yantar,
no te duela dar de almorzar.
A quien de bailar tiene
gana, poco son le basta.
A quien debas contentar,
no procures enfadar.
A quien dices tu secreto,
haces tu dueño. A
quien Dios no le da
hijos el diablo le da
sobrinos. A quien
Dios quiere bien, el
viento le junta la leña.
A quien Dios quiere
bien, la perra le pare
lechones. A quien
Dios quiere para rico
hasta la mujer le pare
hijos de otro. A
quien Dios se la dé,
San Pedro se la bendiga.
A quien duerme, duérmele
la hacienda. A quien
espera, su bien le llega.
A quien está en su tienda,
no le achacan que se
halló en la contienda.
A quien feo ama, bonito
le parece. A quien
ganando no guarda, media
albarca; y a quien ni
ganar espera, abarca
entera. A quien habló,
Dios le oyó. A quien
has acallado no le hagas
llorar. A quien has
de acallar, has de halagar.
A quien has de dar
la cena, no le quites
la merienda. A quien
hubieras vencido no
lo tengas por amigo.
A quien le dan el pie,
se toma la mano.
A quien le duele una
muela, que la eche fuera.
A quien le pique el
alicante, que llamen
al cura que le cante.
A quien le pique, que
se rasque. A quien
lo quiere celeste, que
le cueste. A quien
madruga, Dios le ayuda.
A quien mal canta, bien
le suena. A quien
mal vive, su miedo le
sigue. A quien miedo
han, lo suyo le dan.
A quien mucho miente,
le huye la gente.
A quien mucho tememos,
muerto le queremos.
A quien mucho tiene,
más le viene. |
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