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Refranes
dichos y proverbios de la lengua
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A la que uno no contenta,
no bastan dos ni cincuenta.
A la ramera y a la lechuga,
una temporada les dura.
A la ramera y al juglar,
a la vejez les viene
el mal. A la res
vieja, alíviale la reja.
A la ruin oveja la lana
le pesa, y al ruin pastor
el cayado y el zurrón.
A la sierra tocino y
al serrador vino.
A la sierra, ni dueña
ni cigüeña. A la
sombra de los buenos
viven los malos sin
freno. A la sombra
del nogal no te pongas
a recostar. A la
tercera va la vencida.
A la tierra que fueres
haz lo que vieres.
A la una, que bien que
mal, en cada casa comido
han. A la vaca que
no se cubre, se le seca
la ubre. A la vaca,
hasta la cola le es
abrigada. A la vejez
aladares de pez.
A la vejez se acorta
el dormir y se alarga
el gruñir. A la vejez,
cuernos de pez. A
la vejez, viruelas.
A la viuda y al abad,
el diablo les amasa
el pan. A la vulpeja
dormida, no le cae nada
en la boca. A largos
días, largos trabajos.
A las andadas volví,
pronto me arrepentí.
A las barbas con dinero,
honra hacen los caballeros.
A las cosas menudas,
el alguacil acuda y
a las cosas grandes,
el señor alcalde.
A las diez deja la calle
para quien es A las
diez deja la casa do
estés. Si en la tuya
estás, te acostarás.
A las diez, en la cama
estés; mejor antes que
después. A las obras
me remito. A las
putas y a los barberos,
a la vejez los espero.
A las romerías y a las
bodas van las locas
todas. A lo bueno,
pronto me hago yo; a
lo malo, no. A lo
hecho, pecho. A lo
más oscuro, amanece
Dios. A lo que el
Rey manda y Dios ofrece,
hay que hacerse.
A lo que has de negarte,
niégate cuanto antes.
A lo que manda Dios,
oreja de liebre.
A lo que no puedas,
no te atrevas. A
lo que no puede ser,
paciencia. A lo que
no te agrada, haz que
no oyes nada. A lo
que no tiene remedio,
litro y medio. A
lo que puedas solo no
esperes a otro. A
los burros palos, y
a la mujer regalos.
A los cincuenta, el
mal del mes ya no lo
ves. A los enemigos
bárreles el camino.
A los enfermos los sanos
buenos consejos les
damos. A los galgos
del rey no se les escapa
liebre alguna. A
los tontos y a los porfiados,
la mejor bofetada es
dejarlos. A los treinta
doncellez, muy rara
vez. A los tuyos,
con razón o sin ella.
A luz de la candela,
toda música parece bella.
A maestro de espada,
aprendiz de pistola.
A mal abad, peor
sacristán. A mal
amo, mal criado.
A mal comer o bien comer,
tres veces beber.
A mal Cristo, mucha
sangre. A mal dar,
apretar el culo contra
el sitial. A mal
hablador, discreto oidor.
A mal mortal no hay
hierba que val. A
mal sarmiento, buena
podadera. A mal tiempo,
buena cara. A mala
cabeza, buenas son piernas.
A mala cama, colchón
de vino. A mala cuenta,
no hay providencia buena.
A mala leña un buen
brazado. A mala lluvia,
buen paraguas. A
mala suerte, envidia
fuerte. A mala venta,
mala cuenta. A malas
piernas, buenas muletas.
A malos ratos, buenos
tragos. A manchas
de corazón no basta
ningún jabón. A manos
de traidores perecen
los buenos servidores.
A manos frías, corazón
ardiente. A mantel
puesto, tendrás amigos
ciento; no de tu trato
sino de tu plato.
A marido ausente, amigo
presente. A más amor,
más pudor. A más
años más pecados.
A más beber, menos comer.
A más doctores,
más dolores. A más
oro, menos reposo.
A más vivir, más sufrir.
A médico, confesor y
letrado, hablarle claro.
A medida del santo son
las cortinas. A mengua
de carne, buenos son
pollos con tocino.
A mi amigo quiero, por
lo que de él espero.
A mi casa lleve un amigo,
el se quedó de amo y
yo despedido. A mi
los tiburones me enseñan
los dientes. A mi
mujer bermeja, por el
pico le entra, que no
por la oreja. A mi
padre llaman hogaza
y yo me muero de hambre.
A mi prójimo quiero,
pero a mí el primero.
A mí todos me hallan,
pero yo no hallo a nadie. |
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