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Refranes
dichos y proverbios de la lengua
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A heredad vieja, heredero
nuevo. A hija casada,
los yernos a la puerta.
A hijo malo, pan y palo.
A hombre de dos caras,
hombre de buena espalda.
A hombre de dos caras,
rayo que lo parta.
A hombre desgarbado,
dale de lado. A hombre
hablador e indiscreto
no confíes tu secreto.
A hombre recién levantado,
ni le propongas negocios
ni le pidas un prestado.
A honra demasiada, interés
hay encubierto. A
hora mala no ladran
canes. A hortelano
tonto, patatas gordas
A invierno lluvioso,
verano abundoso.
A iros de mi casa y
¿qué queréis con mi
mujer?, no hay que responder.
A la aguja buen hilo,
y a la mujer buen marido.
A la ballena todo le
cabe y nada la llena.
A la bestia cargada
el sobornal la mata.
A la boda del herrero,
cada cual con su hierro.
A la borrica arrodillada,
doblarle la carga.
A la bota, darle el
beso después del queso.
A la buena casada, sólo
su marido le agrada.
A la buena mujer, poco
freno le basta. A
la cabeza, el comer
la endereza. A la
cama no te irás sin
saber una cosa más.
A la cara más fea, la
alegría la hermosea.
A la chita callando,
hay quien se va aprovechando.
A la col, tocino,
y al tocino, vino.
A la corta o a la larga
cae el burro con la
carga. A la corta
o a la larga el galgo
a su liebre mata.
A la cuarta, ni los
bueyes. A la culpa,
sigue la disculpa.
A la dama hermosa, por
el pico le entra la
rosa. A la fuerza
ahorcan. A la fuerza,
ni los bueyes. A
la galga y a la mujer,
no le des la carne a
ver. A la gallina
apriétale el puño y
apretarte bien el culo.
A la gallina y a la
mujer le sobran nidos
donde poner. A la
guerra, con la guerra.
A la herradura que mucho
suena, algún clavo le
falta. A la hija
mala, dineros y a casarla.
A la hija muda, su madre
la entiende. A la
hija traviesa, con azotes
se endereza. A la
justicia y a la inquisición
chitón. A la larga
el galgo a la liebre
mata. A la larga
todo se sabe. A la
larga, lo más dulce
amarga. A la leche
nada le eches; pero
le dice la leche al
aguardiente: ¡Déjate
caer, valiente! A
la lengua y a la serpiente
hay que temerles.
A la lumbre y al fraile
no hurgarle. A la
luz de la tea, no hay
mujer fea. A la mala
costumbre, quebrarle
la pierna. A la mala
hilandera, la rueca
le hace dentera.
A la mar madera, y huesos
a la tierra. A la
miel, golosas, y al
aceite, hermosas.
A la mona que te trae
el plato no le mires
el rabo. A la moza
ser buena, y al mozo
el oficio, no les puede
dar mayor Beneficio.
A la moza y a la mula,
por la boca le entra
la hermosura. A la
moza y al fraile, que
no les de el aire.
A la muerte no hay cosechador
que la coseche. A
la muerte no hay que
temerle ni buscarla,
únicamente esperarla.
A la muerte pelada no
hay puerta cerrada.
A la mujer bailar y
al burro rebuznar, el
diablo no les debió
enseñar. A la mujer
barbuda o muy velluda,
el diablo la sacuda.
A la mujer barbuda,
de lejos se la saluda.
A la mujer bella y honesta,
casarse poco le cuesta.
A la mujer brava, la
soga larga. A la
mujer casada, nunca
le falta novio. A
la mujer casta, Dios
le basta. A la mujer
del carnicero le medra
la carne en la mano.
A la mujer dile tu amor
una vez, que el diablo
se lo dirá diez.
A la mujer fea, el oro
la hermosea. A la
mujer hay que tenerla
bien comida, bien amada
y bien vestida. A
la mujer honrada su
propia estima le basta.
A la mujer loca, más
le agrada el pandero
que la toca. A la
mujer muy casera, el
marido bien la quiera.
A la mujer pedigüeña
ponla donde habita la
cigüeña. A la mujer
pedigüeña, la persigue
la cigüeña. A la
mujer ventanera, tuércele
el cuello si la quieres
buena. A la mujer
y a la cabra, soga larga.
Pero sin perderla de
vista. A la mujer
y a la guitarra hay
que templarla para usarla.
A la mujer y a la lechuga,
por la cintura. A
la mujer y al ladrón,
quitarles la ocasión.
A la mujer y al viento,
pocas veces y con tiento.
A la necesidad no hay
ley. A la oveja mansa,
cada cordero la mama.
A la puta y al barbero,
nadie los quiere viejos.
A la que a su marido
encornuda, Señor y tú
la ayuda. A la que
bien baila, con poco
son le basta. A la
que fue flor, algo le
queda de olor. A
la que tenga más de
treinta, no la pretendas. |
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